
Pasión, viene del griego Pathein, y del latín passio. Significaba “sufrir”. Es interesante. De allí viene padecer. Pero también empatía. El significado de origen se ha ido transformando. Ahora es más vasto. No todas las pasiones se “padecen”, en el sentido de sufrirlas. Aunque muchas sí. Quizá lo que si se “padece”, de toda pasión, es su presencia recurrente. Su calidad, de necesidad intensa. Frecuentamos nuestras pasiones. Tan seguido como podemos. La pasión. La que traemos dentro. Los espacios donde la colocamos. Es uno de los rasgos, más íntimos, y distintivos, de la personalidad de cada una/o. Un tatuaje único y propio. Un sello.
Como si nuestras pasiones contuvieran, tantas de nuestras preguntas, y de nuestras maneras concretas de buscar respuestas. Hay pasiones luminosas. Pasiones oscuras. Pasiones de claro-oscuro. En “El jugador”, Dostoievski, describe la pasión por el juego de su personaje, como una tortura. Como en el sentido antiguo de la palabra, el jugador, no domina al juego. Sino viceversa. Se convierte en el súbdito de un impulso que no puede controlar. De una vivencia que asume como extrema, y cuya intensidad lo encadena.
La literatura narra abundantes ejemplos de pasiones oscuras, que atormentan a sus personajes. El amor de Catherine y Heatchcliff, en “Cumbres Borrascosas”, de Emily Bronte. En la película “El ángel azul”, de Von Sternberg, el rígido profesor Rath, se despeña, en su loca e imposible pasión, por Lola, una cantante de Cabaret. En “El retrato de Dorian Gray”, el personaje se envilece, incapaz de contenerse, en su frenético ejercicio de las pasiones más insanas, al igual que Jekyll, cuando se desdobla en Hyde, en “En el extraño caso de Dr. Jekyll y Mister Hyde”, de Stevenson. En la vida real, la pasión de Camille Claudel, por Rodin, terminó desquiciándola. Como se desquició Adele, la hija de Víctor Hugo, persiguiendo por el mundo a un oficial del ejército, que no la amaba.
En cambio, la pasión del Scherlock Holmes, de Conan Doyle, por investigar y analizar los escenarios del crimen, para aproximarse al inconsciente del criminal, permitía que Scotland Yard, resolviera los casos más complejos. La pasión de Isadora Duncan, por la danza irrumpió, para crear todo un nuevo estilo, que inauguró la danza moderna. La pasión de Mircea Eliade, por la hija de su maestro espiritual, lo llevó a escribir una maravillosa novela de amor: “La noche Bengalí”. Newton, apasionado de tiempo completo, por los mecanismos que rigen el funcionamiento del mundo, dio un paso adelante en sus reflexiones acerca de la gravitación universal, porque se le cayó un fruto en la cabeza.
Muchas veces, las pasiones coinciden con el oficio. No necesariamente. Me quedé pensando en la creatividad. Tuve que hablarle a un plomero. El agua de mi regadera se filtró hacia el techo de mi vecina. El señor me hizo una minuciosa explicación de tubos y conexiones. Me describió el meollo del desperfecto, con una honestidad y una pasión tal. Había tal respeto por su trabajo en sus palabras, que le pregunté por qué es plomero. La plomería había sido el sueño de su papá, que trabajaba la tierra en Michoacán. Construyó un cuartito junto a la casa, en el que coleccionaba fierros viejos. Los limpiaba. Los acomodaba en anaqueles. El niño le ayudaba a cuidar sus piezas. Me encantó ese señor. No es que él trabaje en el “ramo de la plomería”, sino que es un plomero apasionado.
¿Por qué una persona escribe? Otra pinta. Otra escucha música por horas. Hay quien escale montañas, y quien atraviese países, pedaleando una bicicleta. Hay quien practique yoga, y quien sumerja sus manos en la arcilla, para inventar una escultura. Hay quien adore la pintura, y quien no se pierde un partido de fútbol. Hay quien ahorre años, para comprar un telescopio sofisticadísimo, porque le urge, por la noche, imaginar que se le acercan las estrellas. Hay quien teje la ropa para su familia, porque la hace sentir, que los abriga, y ella tiene pasión por “abrigar”. La fascinante diversidad entre los seres humanos. Y nuestras constantes. Todos tenemos pasiones. ¿De dónde vienen? ¿Por qué se quedan con nosotros?
¿Por qué en una familia, un hermano es astrónomo, el otro agricultor, y tienen una hermana ama de casa y otra bailarina? Una persona descubre, que desea ejercer un oficio que tenga que ver con la atención al público, porque le apasiona el trato con los demás, y se convierte en vendedora, otra quiere vivir en silencio y entre libros, y elige ser escritora o bibliotecaria. Alguien tiene pasión por escuchar, y por sanar a otros, y se convierte en enfermera, o en terapeuta. Miraba la pintura de Julio Galán. Vi su primera exposición en Monterrey cuando él tenía 20 años. No pude dormir. Había algo que me atrapaba, en esa necesidad suya de recrear su mundo infantil. Como una brújula secreta. Una buena parte de su obra, es de una pasión dolorosísima. Y sin embargo… pintaba. Con las tripas. Con su historia. Con su humor, su esperanza y su intenso daño interior. El pintaba. Esa era su pasión. Supongo que entre deseada, y entre que a pesar suyo. ¿Por qué han escrito algunos escritores?
Carmen Boullosa: “Escribir es una actividad dolorosa y desgarradora; uno escribe porque no lo puede evitar. La literatura tiene valores de vitalidad enormes. Puertas a la vida. A veces muy perversas. A veces muy dolorosas. La vida es eso. No es una feria, ni es un baile, tampoco un comic. La vida está llena de complejidades, y escribir pues, en realidad no es el cielo”.
Julieta Campos: “Fue un transitar por una cuerda floja…uno escribe novelas para poner un orden en el caos de la vida, para colmar en el imaginario lo que no se colma en la realidad siempre insuficiente. Se escriben novelas porque se necesita obturar, con la escritura, huecos, vacíos de lo real”.
Margarita Duras: “Escribo, porque alguna vez me miré en un espejo, y no había a nadie…Sé que cuando escribo, hay algo que ‘se hace’. Dejó actuar en mí ese ‘algo’, que sin duda procede de la feminidad…es como si regresara hacia un terreno salvaje.”
Josefina Vicens: “Mi mano no termina en los dedos: la vida, la circulación, la sangre se prolongan hasta el punto de mi pluma… Por todo el cuerpo, desde que me preparo a escribir, se me esparce una alegría urgente. Me pertenezco todo, me uso todo, no hay un átomo de mí que no esté conmigo, sabiendo, sintiendo la inminencia de la primera palabra”.
Isabel Allende: “Tiempo, silencio y disciplina en la escritura, para que los personajes aparezcan de cuerpo entero y hablen por sí mismos. No los invento; son criaturas que existen en otra dimensión, esperando que alguien las traiga al mundo…Tal vez el espacio está lleno de presencias de todas las eras…y todo lo que ha sucedido y lo que sucederá coexiste en un presente eterno”.
Camilo José Cela: “Es muy probable que todas mis cuartillas hayan sido una venganza contra algo, o contra alguien, no lo sé. Sigo creyendo que la gran venganza de un escritor, es seguir escribiendo”.
Rafael Alberti: le habla a su padre ya muerto: "Te moriste de improviso una tarde cuando yo iba para pintor…aquella noche de tu muerte, cuando yacías amortajado en tu lecho, me salió de improviso mi primer poema".
Mario Benedetti:"¿Qué puede ser más importante para un escritor que enterarse de que uno de sus personajes salió provisoriamente del libro para restañar una herida... acabar con una inhibición o generar una esperanza?".
Borges: "Sólo he escrito cuando el tema ha insistido en que yo lo escriba… cuando se me ocurre una idea, yo trato más bien de desalentarla. Cuando esa idea insiste en que yo la escriba, trato de comprenderla y de saber qué es lo que espera de mí".
Vargas Llosa: "Mi padre, es la primera persona a la que tuve un terror que creo no desapareció nunca…es una relación a la que seguramente debo mi vocación". Conoció a su padre a los diez años. Siempre pensó que estaba muerto. Su padre era un hombre violento, que aborrecía la escritura.
Maria Teresa
Como si nuestras pasiones contuvieran, tantas de nuestras preguntas, y de nuestras maneras concretas de buscar respuestas. Hay pasiones luminosas. Pasiones oscuras. Pasiones de claro-oscuro. En “El jugador”, Dostoievski, describe la pasión por el juego de su personaje, como una tortura. Como en el sentido antiguo de la palabra, el jugador, no domina al juego. Sino viceversa. Se convierte en el súbdito de un impulso que no puede controlar. De una vivencia que asume como extrema, y cuya intensidad lo encadena.
La literatura narra abundantes ejemplos de pasiones oscuras, que atormentan a sus personajes. El amor de Catherine y Heatchcliff, en “Cumbres Borrascosas”, de Emily Bronte. En la película “El ángel azul”, de Von Sternberg, el rígido profesor Rath, se despeña, en su loca e imposible pasión, por Lola, una cantante de Cabaret. En “El retrato de Dorian Gray”, el personaje se envilece, incapaz de contenerse, en su frenético ejercicio de las pasiones más insanas, al igual que Jekyll, cuando se desdobla en Hyde, en “En el extraño caso de Dr. Jekyll y Mister Hyde”, de Stevenson. En la vida real, la pasión de Camille Claudel, por Rodin, terminó desquiciándola. Como se desquició Adele, la hija de Víctor Hugo, persiguiendo por el mundo a un oficial del ejército, que no la amaba.
En cambio, la pasión del Scherlock Holmes, de Conan Doyle, por investigar y analizar los escenarios del crimen, para aproximarse al inconsciente del criminal, permitía que Scotland Yard, resolviera los casos más complejos. La pasión de Isadora Duncan, por la danza irrumpió, para crear todo un nuevo estilo, que inauguró la danza moderna. La pasión de Mircea Eliade, por la hija de su maestro espiritual, lo llevó a escribir una maravillosa novela de amor: “La noche Bengalí”. Newton, apasionado de tiempo completo, por los mecanismos que rigen el funcionamiento del mundo, dio un paso adelante en sus reflexiones acerca de la gravitación universal, porque se le cayó un fruto en la cabeza.
Muchas veces, las pasiones coinciden con el oficio. No necesariamente. Me quedé pensando en la creatividad. Tuve que hablarle a un plomero. El agua de mi regadera se filtró hacia el techo de mi vecina. El señor me hizo una minuciosa explicación de tubos y conexiones. Me describió el meollo del desperfecto, con una honestidad y una pasión tal. Había tal respeto por su trabajo en sus palabras, que le pregunté por qué es plomero. La plomería había sido el sueño de su papá, que trabajaba la tierra en Michoacán. Construyó un cuartito junto a la casa, en el que coleccionaba fierros viejos. Los limpiaba. Los acomodaba en anaqueles. El niño le ayudaba a cuidar sus piezas. Me encantó ese señor. No es que él trabaje en el “ramo de la plomería”, sino que es un plomero apasionado.
¿Por qué una persona escribe? Otra pinta. Otra escucha música por horas. Hay quien escale montañas, y quien atraviese países, pedaleando una bicicleta. Hay quien practique yoga, y quien sumerja sus manos en la arcilla, para inventar una escultura. Hay quien adore la pintura, y quien no se pierde un partido de fútbol. Hay quien ahorre años, para comprar un telescopio sofisticadísimo, porque le urge, por la noche, imaginar que se le acercan las estrellas. Hay quien teje la ropa para su familia, porque la hace sentir, que los abriga, y ella tiene pasión por “abrigar”. La fascinante diversidad entre los seres humanos. Y nuestras constantes. Todos tenemos pasiones. ¿De dónde vienen? ¿Por qué se quedan con nosotros?
¿Por qué en una familia, un hermano es astrónomo, el otro agricultor, y tienen una hermana ama de casa y otra bailarina? Una persona descubre, que desea ejercer un oficio que tenga que ver con la atención al público, porque le apasiona el trato con los demás, y se convierte en vendedora, otra quiere vivir en silencio y entre libros, y elige ser escritora o bibliotecaria. Alguien tiene pasión por escuchar, y por sanar a otros, y se convierte en enfermera, o en terapeuta. Miraba la pintura de Julio Galán. Vi su primera exposición en Monterrey cuando él tenía 20 años. No pude dormir. Había algo que me atrapaba, en esa necesidad suya de recrear su mundo infantil. Como una brújula secreta. Una buena parte de su obra, es de una pasión dolorosísima. Y sin embargo… pintaba. Con las tripas. Con su historia. Con su humor, su esperanza y su intenso daño interior. El pintaba. Esa era su pasión. Supongo que entre deseada, y entre que a pesar suyo. ¿Por qué han escrito algunos escritores?
Carmen Boullosa: “Escribir es una actividad dolorosa y desgarradora; uno escribe porque no lo puede evitar. La literatura tiene valores de vitalidad enormes. Puertas a la vida. A veces muy perversas. A veces muy dolorosas. La vida es eso. No es una feria, ni es un baile, tampoco un comic. La vida está llena de complejidades, y escribir pues, en realidad no es el cielo”.
Julieta Campos: “Fue un transitar por una cuerda floja…uno escribe novelas para poner un orden en el caos de la vida, para colmar en el imaginario lo que no se colma en la realidad siempre insuficiente. Se escriben novelas porque se necesita obturar, con la escritura, huecos, vacíos de lo real”.
Margarita Duras: “Escribo, porque alguna vez me miré en un espejo, y no había a nadie…Sé que cuando escribo, hay algo que ‘se hace’. Dejó actuar en mí ese ‘algo’, que sin duda procede de la feminidad…es como si regresara hacia un terreno salvaje.”
Josefina Vicens: “Mi mano no termina en los dedos: la vida, la circulación, la sangre se prolongan hasta el punto de mi pluma… Por todo el cuerpo, desde que me preparo a escribir, se me esparce una alegría urgente. Me pertenezco todo, me uso todo, no hay un átomo de mí que no esté conmigo, sabiendo, sintiendo la inminencia de la primera palabra”.
Isabel Allende: “Tiempo, silencio y disciplina en la escritura, para que los personajes aparezcan de cuerpo entero y hablen por sí mismos. No los invento; son criaturas que existen en otra dimensión, esperando que alguien las traiga al mundo…Tal vez el espacio está lleno de presencias de todas las eras…y todo lo que ha sucedido y lo que sucederá coexiste en un presente eterno”.
Camilo José Cela: “Es muy probable que todas mis cuartillas hayan sido una venganza contra algo, o contra alguien, no lo sé. Sigo creyendo que la gran venganza de un escritor, es seguir escribiendo”.
Rafael Alberti: le habla a su padre ya muerto: "Te moriste de improviso una tarde cuando yo iba para pintor…aquella noche de tu muerte, cuando yacías amortajado en tu lecho, me salió de improviso mi primer poema".
Mario Benedetti:"¿Qué puede ser más importante para un escritor que enterarse de que uno de sus personajes salió provisoriamente del libro para restañar una herida... acabar con una inhibición o generar una esperanza?".
Borges: "Sólo he escrito cuando el tema ha insistido en que yo lo escriba… cuando se me ocurre una idea, yo trato más bien de desalentarla. Cuando esa idea insiste en que yo la escriba, trato de comprenderla y de saber qué es lo que espera de mí".
Vargas Llosa: "Mi padre, es la primera persona a la que tuve un terror que creo no desapareció nunca…es una relación a la que seguramente debo mi vocación". Conoció a su padre a los diez años. Siempre pensó que estaba muerto. Su padre era un hombre violento, que aborrecía la escritura.
Maria Teresa



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